Una friki de los lapices labiales


Esto no lo decimos nosotros, la mismísima Eclair se considera una friki de los lapices labiales y nos enseña parte de su inmensa colección.

"Siempre me gustaron los lapices labiales, tengo una fijación con ellos, los amo, me encanta verme con los labios bien pintados, cambiarme el color de labios es como cambiar de peinado para mi, una sensación difícil de explicar y que muchas mujeres entienden a la perfección" nos comentá Eclair mientras nos abre las puertas de su "mini museo del lapiz labial".



Es impactante ver tantos lapices labiales juntos, no es como entrar en un salón de belleza o pasearnos por grandes centros comerciales, el bueno gusto, orden y clasificación de estos sensibles productos es sencillamente impactante.

Eclair ha clasificado sus productos por procedencia, año de fabricación, los enigmáticos "sin abrir" y finalmente por temperatura, si... han leído bien, existen algunos lapices labiales que son tan sensibles al calor que deben estar a una temperatura idónea.

"Para estos lapices he descubierto que lo mejor son las vinotecas, ya que ofrecen una temperatura de 18 grados que es la idónea para estas bellezas que tengo aquí", nos explicaba Eclair mientras se pintaba los labios y señalaba uno de las 4 vinotecas que tiene en su mini museo.

Eclair nos cuenta también que muchos de los lapices que tiene son producto de donaciones, regalos y de algún que otro extravío de la gente que visita las oficinas donde trabaja: "mis compañeras saben de mi afición y me guardan todo lo que encuentran, también saben lo que deben regalarme en mi cumpleaños, para hacerme un regalo no tienen que pensar jejeje" aclará Eclair que aún no sabe exactamente cuantos lapices labiales tiene en su colección pero afirma que "debe rondar el millón y medio".
No nos sorprende en absoluto, viendo el tamaño de su mini museo y el poco espacio fisico que ocupan estos productos.

No está de más indicarles que le hemos solicitado una demostración de la calidad de uno de sus lapices y nos regaló un bonito beso en la mejilla, el cual aún sigue marcado 48 horas después. ¡No nos lavaremos la cara nunca más!